Llevo algún tiempo intercambiando impresiones, experiencias y pensamientos con amigos muy cercanos, “Faixa preta” todos, pero con pasado y recorrido muy variopinto. En resumen, “afilados” a base de Muay thai, MMA y judo o wrestling…defensa personal y “vale-calle”.
Todos coincidimos bastante cuando analizamos el BJJ actual; cómo se transmite, cómo evoluciona, cómo se restringe, qué perfiles de deportistas o practicantes lo entrenan, la competición, su expansión, etc.
Mi opinión personal es que el BJJ sigue los pasos que recorrió en su día el Judo. Un arte marcial efectivo que ve cómo se restringen sus técnicas para convertirse en deporte, más cercano a nuestra sociedad actual, visto con mejores ojos y, sobretodo, apto para todo el mundo.
Hasta aquí, todo correcto. El problema lo encuentro cuando un practicante de BJJ actual, y nada más, cree erróneamente que su BJJ es el mismo Jiu Jitsu (Gracie) que lo llevó a la fama, y que fue la antesala de las actuales MMA.
Cualquier arte marcial o deporte de contacto, bien trabajado, es una excelente herramienta defensiva, pero debemos ser conscientes de sus limitaciones o carencias para evitar confundirnos o inducir a otros a la confusión.
Luchar con o sin golpes, con o sin agarres, con o sin derribos, con o sin estrangulaciones, con o sin luxaciones, con o sin ground & pound…puede llegar a influir seriamente en nuestra capacidad combativa cuando nos enfrentamos a alguien con conocimientos o adiestrado en combate.
El deporte es fantástico, imprescindible para una vida saludable. Luchar en cualquier formato, en un ambiente seguro y confortable, es reconfortante y necesario para construir nuestra armadura física y psíquica. Trabajar semanalmente cualquier sistema de combate nos aporta seguridad y confianza. La repetición continua de movimientos preestablecidos nos genera “memoria muscular”, necesaria en caso de situaciones de conflicto.
Pero, si realmente NO entrenas para enfrentar situaciones reales “de calle”, NO deberías entrenar a nadie a enfrentar situaciones reales “de calle”, por más bueno que seas haciendo tu deporte o por más medallas que hayas ganado en campeonatos deportivos.
Esto que ahora “critico”, siempre con respeto y educación, viene repitiéndose en otras disciplinas más antiguas en nuestro país, incluso siendo menos efectivas y exigentes que el BJJ. No viene de nuevo y dudo que cambie nunca, es un mal endémico en nuestra sociedad creernos más de lo que somos o sentirnos que “valemos para todo”.
Si pienso en un símil que me ayude a resumir lo que trato de exponer, podría ser: Un profesor de escalada en rocódromo (exclusivamente) preparando a alguien para ascender al Himalaya. Poco más que añadir.
No me creo en posesión de la verdad absoluta, pero sí que algo entiendo después de “varios” años, pues he cometido más errores que aciertos y he tenido que variar mi rumbo en más de una ocasión para remendar errores o evitarlos. No me avergüenzo, más bien me enorgullezco de haber sabido hacerlo sin que afectara a mi orgullo.
Disfrutemos entrenando, compitiendo y enseñando lo que sabemos, que suficientemente importante y necesario es ya para nuestros jóvenes y no tan jóvenes. Del ascenso al Himalaya…que se encargue el alpinista.
Oss